domingo, 4 de noviembre de 2012

Desinformemonos: Organizados por el derecho a respirar aire puro



Zapopan, Jalisco. Una caminata por el bosque nativo El Nixticuil, al norte de la zona metropolitana de Guadalajara, permite apreciar el encino, roble, pino, el tepame y el huisache. Sobrevuelan aves en peligro de extinción y migraciones provenientes de Canadá. Es un pulmón verde, el más grande de la zona urbana, y a su alrededor se quieren montar 22 mil viviendas que lo impactarán directamente.

El proyecto inmobiliario se llama Mirasierra de Zapopan y para su construcción recientemente se aprobó el cambio de uso de suelo, por lo que más de 300 organizaciones ambientales, ciudadanas y académicas califican a la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales, de “irresponsable y cómplice” de las inmobiliarias.

Un grupo de hombres, mujeres y niños acompañan un recorrido por el bosque de mil 850 hectáreas. Las mujeres van cortando flores de ornato silvestres, muestran las plantas medicinales y, orgullosas, caminan con sus niños bajo la sombra de los robles.
 
“Para mí el bosque significa mucho, porque aquí es donde nací. Lo defiendo porque el mal gobierno quiere destruirlo y acabar con nuestras tierras y eso no es justo, porque quieren destruir lo que es de nosotros”, dice Carlos; y José Francisco, otro de los niños que acompaña la caminata, refiere: “A mí me gusta el bosque porque nos da aire y lo cuidamos porque nos deja respirar. No queremos que lo destruyan, porque qué va a pasar cuando lleguen nuestros hijos”.

Los vecinos originarios del Nixticuil están organizados. Se han convertido en bomberos expertos, pues, acusan, “los terrenos de Mirasierra han sido incendiados los últimos ocho años de manera intencional con el objetivo central de acabar con la vegetación y facilitar los cambios de uso de suelo forestal en clara violación a la Ley General de Desarrollo Forestal”.

Desde la parte más alta del Nixticuil se observa la devastación y el avance voraz de la urbanización. Sofía, del Comité Salva Bosque, mira hacia abajo y explica que en el 2005 “el ayuntamiento de Zapopan taló más de 400 árboles de roble, y a raíz de eso inició la organización de las familias vecinas al bosque”.

Adrián, por su parte, indica que han cuantificado siete proyectos distintos que amenazan el bosque y “todos corresponden a empresas inmobiliarias que quieren extender la mancha urbana desde Guadalajara”. La mayoría de estos proyectos, denuncia, “tienen relación con gente de la clase política; hemos identificado capital local, como la empresa Tierra y Armonía, o empresarios como el dueño del equipo de futbol Atlas, quien ahora es representante del gobierno de nuestro municipio por el Partido de la Revolución Democrática (PRD). En los últimos seis años, hemos visto cómo han desfilado políticos de todos los partidos en estos proyectos inmobiliarios, como el alcalde del PAN de dos trienios atrás, Juan Sánchez Aldana. Y también ha estado involucrado el PRI”.

Adrián también identifica a “una familia muy poderosa, los Gómez Vázquez Aldana, que tiene intereses en toda Latinoamérica y se ha encargado de la privatización de muchas playas”.

El bosque, explica Adriana, otra de las integrantes del Comité, tiene aproximadamente  mil 800 hectáreas de los cerros de El Nixticuil y la sierra de San Esteban. Es un espacio natural que provee de agua a varias comunidades rurales y urbanas, es casa de cientos de especies animales y vegetales y alimenta al Río Blanco, que riega gran parte de las últimas zonas agrícolas de Zapopan, que hace mucho fue el primer productor de maíz del estado.

De las mil 800 hectáreas, advierte Adriana, mil 500 quedaron bajo la denominación de protección, “pero un día, antes de que se declarara área natural protegida, el gobierno hizo desparecer mágicamente 300 hectáreas, para construir un instituto de investigación de una universidad particular. Y las mil 500 hectáreas restantes no podemos decir que estén salvo”.

El grupo de vecinos que protege su territorio guía el recorrido hasta el lugar en el que se escucha la maquinaria trabajando. No se puede avanzar más, pues un alambrado lo impide: “La construcción que tenemos a nuestras espaldas es un megaproyecto hecho por los grandes capitalistas de México, entre ellos, políticos, consorcios como el GyG, Gómez Vázquez Aldana, Tierra y Armonía, Raymundo Gómez Flores (del PRI); todos ellos en complicidad para llevar a cabo este megaproyecto conformado por siete polígonos que invaden el El Nixticuil. Las casas que están aquí son para gente que pagan por uso de campos de golf”.

El proyecto Mirasierra de Zapopan comprende la construcción de 22 mil viviendas en 800 hectáreas. La intención es cambiar el uso de suelo de por lo menos 71 hectáreas contempladas en el desarrollo. A pesar de que hace tres años la Secretaria de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) rechazó la construcción de un proyecto inmobiliario por ser incompatible con El Nixticuil, la dependencia aprobó ya el desarrollo con la justificación de que no dañará zonas forestales.

José Luis es un niño que disfruta el bosque porque, dice “aquí nací y me gusta mucho. Significa mucho para mí, y ver que se destruya así como así, por las cosas del gobierno, pues no está bien”. Él, junto con sus amigos y el grupo de adultos, es parte de las brigadas que con todas las herramientas a su alcance, incluso arriesgando la vida, acuden a apagar los incendios que, aseguran, son provocados por las inmobiliarias.

El bosque proporciona un millón de litros cúbicos al año de agua para la zona metropolitana. Los megaproyectos pueden afectar los mantos acuíferos y hacer más grande la contaminación por las construcciones: “Sabemos que cuando la mano del hombre llega a un lugar lo destruye”, reclaman.

Si se consolida este proyecto, refieren las organizaciones que lo defienden, “se transgrede la norma de protección de más de nueve especies de flora y fauna; se afectará de manera grave la cuenca del río Blanco, por la devastación de áreas donde la infiltración de agua es alta; serán talados miles de árboles en una zona de por lo menos 60 hectáreas y se producirá un colapso vial por el aumento de tráfico de 20 mil autos”.

En 2005, recuerdan los vecinos, “la autodefensa de un grupo de mujeres de una de las colonias marginales de la periferia, El Tigre II, abrió una grieta entre la invasión voraz del despojo inmobiliario y El Nixticuil, cuando por la vía de los hechos se detuvo el primer fraccionamiento que el gobierno municipal pretendía construir sobre parte del bosque”.

Hoy, como hace siete años, las familias siguen dispuestas a defender el territorio “sin gobiernos ni partidos, y de forma horizontal”, pues así se constituyen.

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